La soledad del escritor. Parte 1

La soledad del escritor. Parte 1

 

Escribir es una profesión maravillosa. A los que tenemos tantas ideas bailando en la cabeza nos recompensa en muchos sentidos. Claro que también pagamos un precio y, desde hace tiempo, yo misma me he dado cuenta de uno que no había tenido en cuenta: lo mucho que afecta la soledad a los que nos pasamos horas frente a la hoja en blanco, o a cualquier artista, la verdad. Propuse este tema a mis compañeras de Terapia para Escritoras y hoy os traigo sus experiencias.

 


Hoy en día existe un profundo mar de escritores que lanzan sus obras al mundo gracias a plataformas sociales como Wattpad, o de autopublicación, como Amazon. Parece que todos nos hayamos puesto de acuerdo. Quizá sí es cierto que, sin quererlo, en la mayoría de los casos nos hemos animado unos a otros, primero los más osados y después los cautos, pero al final parece que seamos miles los escritores que nos promocionamos y comunicamos por medio de las redes sociales. Hay grupos, hay blogs y comunidades, se hacen ferias y encuentros y nos ayudamos unos a otros, al menos de cara a la galería. Pero, ¿Es esa la realidad? ¿De verdad nos apoyamos tanto? ¿Nos leemos y publicitamos unos a otros? ¿Nos sentimos acompañados por personas que, como nosotros, tienen la pasión de contar historias? A veces sí, otras no tanto.

Muchos se sienten —nos sentimos— bastante perdidos en este mundo de letras digitales. Parece que andemos a merced de las olas sin saber dónde encallaremos, si llegaremos a tierra alguna vez o si seguiremos a la deriva. A menudo el escritor se siente solo. El trabajo del escritor es irremediablemente una labor en solitario. Hay veces que siento que solo estamos mi ordenador y yo y que al otro lado de la pantalla no hay nadie. Sé que no es así pues, aunque menos de lo que me gustaría, yo recibo ese ansiado feedback de mis lectores. Es el impulso que después mueve mis ganas de seguir escribiendo y es la razón de que la soledad no se me trague.

La soledad del escritor es causa de desmotivación, nos lleva al bloqueo, a perder las ganas y la ilusión. A muchos os habrá pasado, igual que a mí, en ese momento de bajón, pensar: “¿Para qué hago esto?”; “¿Por qué sigo tecleando?”

La verdad es que los grupos y comunidades ayudan si sabemos coger lo bueno y obviar lo malo, pero lo que más ayuda es recordar que escribimos porque es nuestra vocación, porque con una sola persona que se emocione con nuestras historias habrá merecido la pena haberlas escrito. Y sobre todo porque aunque nos sintamos solos la verdad es que no lo estamos. Pregúntale a ese compañero escritor si alguna vez se siente como tú. Podrías llevarte una sorpresa con su respuesta. Podríais comenzar a hablar, a compartir experiencias y tal vez encontrar soluciones. Como escritora y psicóloga al mismo tiempo he llegado a la conclusión de que hablarlo ayuda. Paradójicamente incluso hablar solo funciona. En este sentido gracias a esta iniciativa, Terapia para Escritoras, por hacer posible que hablemos, aunque al mismo tiempo me disculpo por semejante parrafada que os he hecho tragar. ¡Nos leemos!

 

Tricia Ross

 

 


 

Cualquier información vertida en este post es fruto del extravagante uso de la imaginación en la poblada azotea de mi soledad.

¿A que suena raro? Es que lo es. ¿Ha de saber un escritor si la/su soledad existe? Pues solo pensar en ello me produce una clara emoción: pena.

El escritor está solo cuando ha escrito, está solo escribiendo y estuvo solo mientras deseó escribir. Ser autor, o escritor en altas esferas, no es considerado una profesión, ni un deporte social; solo es una afición individual, donde a falta de compañía física, se crean complejos y sociales mundos. Existe una relación unilateral y única entre el pensamiento inventado y su expresión literal; novela, ensayo, poesía… La traducción entre el pensamiento y el idioma responde a un sistema de codificación tan complejo que solo el propio autor es capaz de descifrar. El proceso de creación de una novela, o cualquier texto escrito, es íntimo. La soledad está asegurada. Estabas en el cumpleaños de tu suegra cuando, de pronto, como una pequeña llama que se inicia en la tarta… la historia se construye hasta devastar la cortina del salón en una sola llamarada. Aunque la idea surgiera en comunidad, el desarrollo es individual. Puede ser corregida, revisada, retocada, decorada o ficcionada. No sé cómo dos autores pueden escribir la misma novela, doy por hecho que se trata de un acuerdo laboral tan particular que puede considerarse la excepción que confirma una regla.

Y escribiendo esto recuerdo algo que me dijo un lector hace algunas semanas. Refería fascinación por la capacidad del escritor de narrar historias o sucesos no vividos. Aludió, concretamente, a Robert Louis Stevenson autor de “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde” y a su increíble capacidad para crear dos personajes tan dispares. Refería que debió estar loco, o enfermo, para narrarlo de forma tan creíble. Yo respondí que por eso es un clásico de la literatura, por la calidad en la construcción de sus personajes. Pero, aquí, entre tú y yo, ¡bendita locura! ¿No desearías tener la misma soledad que el autor escocés? ¿Aunque con ella se dudara abiertamente de tu cordura? En definidas cuentas, ¿está realmente la mente de un escritor en total soledad? ¿O es quizás habitada en mayor proporción que cualquier otra? No te esfuerces, no vamos a llegar a una conclusión que te satisfaga.

Yo me siento en soledad a escribir, preciso silencio y quietud. Pero jamás me he sentido sola. Tampoco manifiesto —ni juraría manifestar— ningún desorden de la personalidad; la credibilidad de una historia se logra con una adecuada documentación, amplias dosis de empatía y coherencia. Sonríe, sí. Solemos recurrir a nuestros editores o lectores cero para corroborar que la última se aplica en la justa medida.

Concluyo opinando que el sentimiento devastador referido a la ausencia de compañía es más palpable cuando el resto del mundo desvalora tu aptitud, degradándolo a afición. Ahí si estás solo. Yo lo estoy cuando se me terminan los plazos para entregar un manuscrito y nadie viene a casa para cuidar de los niños mientras trabajo. Porque escribir no es trabajar. Esta lucha se realiza en soledad, sí. No se puede negar.

Mundo, te quiero. ¡Aunque me dejes sola!

 

Hadha Clain

 

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4 comentarios sobre “La soledad del escritor. Parte 1

  1. Muy buena visión de la soledad del escritor. Desde todos y cada uno de los rincones desde donde se puede contemplar este tema, veo que mis compañeras sienten, padecen y disfrutan como yo. Diferentes puntos de vista, diferentes realidades y experiencias, pero el mismo sentir. Me ha encantado el post.

    1. Lo que más me gusta es que entre todas, además de dar visibilidad a todos estos temas que nos afectan, nos apoyamos un poco y eso motiva. Ojalá un día tengamos una sesión de terapia en persona 😉 Un abrazo

  2. Qué curiosa es la soledad que cada uno la interpreta según le pesa! No puede existir emoción más individual.
    Tricia, ¡qué diferente es escribir o publicar!
    Muchas gracias por la iniciativa, Vero!

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