¿Por qué tengo que ponerle etiqueta a lo que escribo? Segunda Parte

¿Por qué tengo que ponerle etiqueta a lo que escribo? Segunda Parte

Ya habéis conocido a tres de las escritoras que irán pasando por aquí para compartir sus experiencias con nosotros. Hoy toca conocer a dos más. Seguimos hablando sobre géneros literarios con Luisa Fernanda Barón Cuello y Hadha Clain.


En un mundo donde la creatividad es libre, a los escritores se nos exige encasillar o etiquetar aquello que escribimos. El flujo que mana de nuestra mente no tiene límites. Entonces, ¿por qué catalogarla?

Solo la parte racional, o más bien la parte commercial, es la que nos obliga a clasificarla, porque así están establecidas las normas. Una solución, algo drástica, para que nuestras novelas encajen es centrarnos en un determinado género, estructurarlo según mande la historia y desarrollarlo como si fuéramos autómatas o simples máquinas. Yo creo que si nos ceñimos a eso para que nuestra novela esté perfectamente encasillada aparcamos la verdadera esencia creativa. El problema de esto último es que si se le cortas las alas a la cretividad, ya no eres libre de escribir lo que deseas. Estás condicionado a esa etiqueta y lo peor de todo para mi: ya no eres fiel a ti mismo; dejas de ser tú para convertirte en una marioneta.

Está claro que los lectores tienen que saber qué van a leer, pero ¿no es suficiente con una sinopsis o realmente necesitan esa palabra que sirve para clasificar a tu novela? Llegado a este punto me atrevería a preguntar qué piensan los lectores al respecto. ¿Prefieren historias corrientes encasilladas en una sola palabra o historias que sean un batiburrillo interesante y lo suficientemente atractivo como para no dejar de leer, a pesar de que toquen varios temas? No es que vayamos a cambiar a por ellos, pero a veces es bueno conocer su opinión. Tal vez lo que a nosotros nos parece una monstruosidad a ellos les gusta, o simplemente les parece cómodo.

En un mundo donde la distancia entre lector y escritor es tan grande, a pesar de la comodidad y avance que suponen tener las redes sociales, es difícil una comunicación directa y sincera que llegue a su vez al mundo editorial para poder encontrar un término medio a este problema que tenemos muchos escritores. Mi experiencia el respecto no puede aportar ningún dato, ya que apenas he tenido inconveniente con el tema que estamos hablando. Solo en mi primera novela tuve esa duda y, sin pensarlo, enmarqué la novela en dos géneros porque para mí ambos eran importantes en la historia. El uno sin el otro no era nada, pero sí sé que hay escritores/as que han tenido problemas al respecto.

 

Luisa Fernanda Barón Cuello

 

 

 


Hola mundo cibernético,

Yo, que soy alérgica a la categorizació, tropiezo con este post de forma estrepitosa. Vero, de antemano te digo que no estás obligada a publicar esto. Me dicen terapia, y como me hace tanta falta, pues en lugar de un saludo normal y apretado en la derecha del saludado, le choco hombro y hombro y le pido prestado el desodorante.

Géneros, géneros, géneros… Esa categorización que limita el intelecto confundiéndolo con el gusto. Estoy de mal humor, me han dado tres estrellas en Amazon por ser diferente. Géneros, géneros, géneros… Esa categorización a la que si te atienes, respetuosamente, sabes lo te vas a encontrar. Esto para mí es una lástima pero oye, para gustos los colores.

Géneros, géneros, géneros… Doctora, ingeniera, mecánica, bombera, política, pilota o escritora —sí, ya sé que está mal—. Expectativas por razón de género. Esperad, ¿dónde coloco esta frase? ¿arriba o aquí?

Los géneros literarios responde a la necesidad social y común de poner nombre y apellidos a todo, con lo cual todos somos igual de diferentes en criterio de nula exclusividad. Da igual como te llames, Antonio o Cristofano, el uso de un nombre conlleva la asignación de unas características concretas. ¡Ay de ti si no las cumples! ¿No me crees? Pues probamos en los comentarios.

Yo publico con seudónimo, Hadha. No es casualidad llevar dos h, las puse para molestarme en dictarlas y sobre todo porque me recuerdo que lo más importante en esta vida es lo que no se ve o no se oye, lo que se siente. Ponerme emoción fue una opción, también feeling fue candidata, pero me quedé con Hadha, vete tú a saber por qué. Clain se debe a un hombre, imaginario, pero un hombre muy importante en mi vida.

Y como no hay reflexión sin solución, propongo modificar los géneros habituales por algo así:

—Para leer en un día de lluvia, si te gusta que llueva.

—Para leer en un día de lluvia, si no te gusta que llueva.

—Para leer cuando quieres crecer.

—Para leer cuando acabas de discutir con tu suegra.

—Para leer cuando ya no quieres volver a discutir con tu suegra

—Para leer cuando te aburres en la cama.

—Para leer cuando te cansas del helado de pistacho.

—Para leer cuando quiero ser más feliz que el prota.

—Para leer cuando me va como el culo.

—…

Para esto deberían servir los géneros, para escoger qué necesitamos leer en cada momento. Quizás no soy objetiva pero tampoco puedo serlo. Yo soy yo misma y mis circunstancias, pero nada más. No sé más de lo que sé. No me gustaría que esta idea se confundiera con los gustos. Y evidentemente, no hay un género que diferencie entre final feliz o uno sakesperiano[1], además sería joder el final de cualquier trama.

Pretendo centrarme en la relación entre el género y el momento, no solo el gusto. Si solo leyéramos por placer nunca saldríamos de lo mismo, o nunca repetiríamos.

No me voy a detener en las ocasiones dispersas en las que un libro se coloca en una categoría de género distinto para influir en las impresiones del lector —eso es marketing no literatura—. No me voy a detener en los quince variantes dentro de la novela romántica. Los considero un sistema de código de barras para las editoriales —y entiendo por este término también al autoeditor que gestiona sus criterios de marketing y ventas—. Yo he publicado romántica, pero no sé qué escribo. Mi novela tiene mucho de ensayo; a veces pensé que se componía de pequeños relatos. En alguna ocasión me dijeron que es casi un libro de autoayuda. Y si es algo más que romance, pero tampoco es de otros género, ¿dónde lo coloco? ¿cómo lo clasifico para que lo califiquen?

Mi pluma es retorcida y convexa, para lo bueno y para lo malo, así que concluyo:

Abogo por prohibir la lectura obligada y erradicar eso de si empiezo un libro, lo termino. ¿Para qué? ¿Para sufrir? ¡Válgame Dios! Tengo espolones y os digo yo que sufrir leyendo no tiene sentido alguno. Si no es el momento, déjalo.

 

[1] Este término no se reconoce en el RAE, pero me lo invento yo.

 

 

Hadha Clain

 

 

 

¡El debate está servido! Volvemos en octubre con otro tema suculento: la soledad del escritor.

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5 thoughts on “¿Por qué tengo que ponerle etiqueta a lo que escribo? Segunda Parte

  1. Ufff si OS dijera yo,la de libros que me he dejado a medias por no soportar su lectura. No hay que sufrir con la literatura.Eso no es sano.Yo sigo la filosofía de Hadha. Leo un libro según mi estado emocional.Fuera etiquetas!. Hoy he aprendido mucho con las dos.Luisa…me encanta tu reflexión.

  2. Como lectora prefiero las (copio textual): historias que sean un batiburrillo interesante y lo suficientemente atractivo como para no dejar de leer, a pesar de que toquen varios temas. La mezcla de géneros es lo que más me gusta.

    Como escritora lo paso fatal metiendo mis novelas en una categoría, porque aunque todas sean románticas, las mías son mucho más que eso, pero ¿como clarificarlas? Es complicado y me caen mal las etiquetas para publicar un libro en amazon.

  3. ¡Hola! Para empezar, yo quería participar en esta primera entrega de Terapia de Escritoras pero se me echó el tiempo encima, y aunque sea en un comentario (largo) me gustaría aportar mi granito de arena. Estoy 100% de acuerdo con las opiniones de mis compañeras, esto de categorizar, etiquetar, encasillar, asignar a nuestro trabajo un nombre que viene junto con una serie de características demasiado rígidas a veces no me gusta, no nos gusta a ninguna porque no nos identificamos con ninguna de esas etiquetas. Sí, yo escribo romance pero no es solo eso, hay humor, drama, reflexión, suspense, hasta fantasía y terror si me lo propongo. Las categorías nos hacen ser planos, nos impiden sobresalir a primera vista. Gracias a tener que dar una clasificación a nuestras novelas para comercializarlas se pierde la oportunidad de llegar a los lectores que rechazan esa etiqueta pero que quizá les gustaría la historia si le dieran una oportunidad. Es un fastidio… pero es así. No se me ocurre otra forma de hacerlo, la verdad, aunque la propuesta de Hadha Clain me parece interesante xD
    Perdón por la parrafada. ¡Nos leemos!

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