¿Por qué tengo que ponerle etiqueta a lo que escribo? Primera Parte

¿Por qué tengo que ponerle etiqueta a lo que escribo? Primera Parte

 

Hoy inauguramos una sección dentro de la web que tenía muchas ganas de comenzar. Será un espacio donde varias compañeras escritoras compartirán sus experiencias y reflexiones sobre temas específicos que afectan a la profesión de escritor en general, vistas desde una perspectiva femenina. Por eso, lo hemos llamado Terapia para Escritoras.

Antes de que llegue la pregunta, la vamos a responder: ¿por qué escritoras, con a? Porque creemos firmemente que las mujeres merecemos un espacio donde ser las protagonistas y tener la visibilidad que nos hemos ganado en el ámbito literario. Todos sois bienvenidos a uniros a la conversación.

El primer tema que vamos a plantear son los géneros literarios. ¿Por qué todo tiene que clasificarse en un género? ¿Y si mi novela engloba mucho más que un solo género? ¿Y si, aunque escribo fantasía, ahora quiero escribir histórica? Aquí os dejamos las reflexiones de las escritoras que irán colaborando en esta sección.


¡Ay, los géneros! Esa manía que tenemos las personas de poner etiquetas a todo.

Para mí siempre han sido como separar la ropa de la colada. Lo negro, lo blanco, ¿y lo gris? ¡Horror, una camiseta blanca y negra! Por fortuna se inventó el detergente de color, ¿no?

En el caso de la literatura, tratamos de solucionar el problema de la etiquetas creando subgéneros (creo que pronto habrá más subgéneros que libros). Yo escribo romántica, pero también fantasía, histórica, misterio, thriller… ¿Imagináis el dilema cuando alguien me pregunta sobre lo que escribo?

La respuesta parece sencilla: ESCRIBO LIBROS. Puede que hoy me apetezca escribir una historia de amor y mañana una de crímenes o de fantasía… ¿Y si me da por escribir todo junto? ¿Cómo lo clasifico?

Los géneros pueden ayudar en bibliotecas y librerías —no puedo decir que no sea necesario poner una etiqueta a un libro—, pero la parte negativa de la cuestión es la forma en la que nos condiciona a los escritores y limita nuestro público.

Según mi modo de verlo, es esa ofuscación por clasificar todo por géneros lo que provoca la falta de originalidad y que un libro sea predecible desde la primera página, cosa que cada vez pasa con más frecuencia, por desgracia. Los géneros van ligados a unas pautas a seguir con respecto a la trama, el desenlace, el final… Es como recitar la tabla de multiplicar. Si seguimos esas «normas» al pie de la letra, cada vez habrá menos lugar para las sorpresas y los finales inesperados

Los géneros pueden llegar a ser un gran bache en el camino del escritor. Meter un libro dentro de una etiqueta concreta puede limitar su público. «Tal vez podría gustarme, pero como es romántico y yo solo leo fantasía…». (Por poner un ejemplo de lo que quiero decir).

Podría parecer que lo ideal es eliminar las etiquetas y pasar a ser, sencillamente, escritores, no «escritores de…», solo escritores. La realidad es que todo es difícil en este mundo, amigos. Sin géneros, nuestros libros estarían abiertos a un público más amplio, sí, pero conseguir lectores es complicado incluso poniendo límites. ¡Imaginad cómo sería tratar de llegar a todo el mundo en general!

Entonces, ¿existe solución? Por supuesto: obtener una marca personal fuerte, que lo que realmente nos clasifique sea nuestro nombre; es decir, que el lector confíe tanto en nuestro trabajo que esté dispuesto a escogerlo sin necesidad de saber «su género». Esa debería de ser la meta de todo autor: no solo conseguir lectores, sino dejar huella en ellos para que vuelvan a elegirnos a nosotros de entre todo el mar de escritores.

Por supuesto, esto es algo que se consigue con constancia, mucho trabajo y paciencia; al final, tu marca personal será tu «detergente de color» para resolver el problema de los géneros 😉

Estefanía Jiménez

 

 

 


Llevo muchos años escribiendo, pero hasta hace poco nunca me había planteado esta cuestión. Empecé a plasmar mis ideas y pensamientos como un modo de evasión, una especie de terapia que ha llegado a convertirse en parte tan importante de mí que ahora no concibo mi vida sin escritura.

Comencé a muy temprana edad, pero no fue hasta la adolescencia cuando descubrí la pasión por crear mundos, y me aficioné a la fantasía de manera compulsiva. Durante todos los años que me limité a disfrutar de mi manera de concebir y gestionar esos mundos que me rondaban por la cabeza, nunca me preocupé por catalogar aquello que escribía. Simplemente escribía lo que me apetecía, sin más, sin etiquetas ni compartimentos.

Pero cuando me lancé al abismo de la edición fue cuando puede comprobar que todo tiene un nombre, una etiqueta o un tramo de edad donde catalogar lo que una escribe. Me sorprendió mucho que la editorial con la que publiqué mi primera novela insistiera tanto en que definiera el estilo de mi libro para poder encajarlo bien en la línea editorial, y tengo que reconocer que al principio me sentí perdida, porque no sabía exactamente dónde meterlo. Tenía claro que era fantasía, pero también llevaba romance, batallas, espada y magia. Así que, ¿cómo encajar mi libro en un compartimento concreto? ¿Era fantasía sin más, o debía añadirle otra etiqueta dentro de ese género?

Y después llegaron las librerías, mucho más exigentes que la editorial a la hora de compartimentar las cosas. Opté por la etiqueta de “literatura juvenil”, más que nada porque tenía de referente a Laura Gallego, pero la verdad es que nunca me sentí cómoda. Yo creo que mis historias pueden leerlas jóvenes, adolescentes y adultos, así que ¿por qué establecer un tramo de edad concreto para los posibles lectores de mis novelas?

Con el paso del tiempo otros autores, y la propia editorial, fueron encajando mis obras dentro del nicho llamado “fantasía épica”, y la verdad es que ahora me siento cómoda con el término. Efectivamente mis novelas suelen estar ambientadas en una época asimilable a lo medieval, con tintes de magia y brujería, así que creo que encajo en esa etiqueta mejor que en otras. Aunque juzguen ustedes…

Pero tanto definir y encasillar las obras no se si tiene sentido, sobre todo porque muchas veces los lectores no saben distinguir claramente entre un estilo o “etiqueta”, u otro. Y lo de establecer una lectura por tramo de edad me resulta incoherente porque, ¿cuántas de nosotras hemos ido a una librería para elegir un libro y te has sentido “observada” cuando te descubren en la sección de literatura juvenil? A tu edad (piensan ellos), como si fueras un bicho raro. A mí, al menos, me ha pasado.

Aunque tengo que reconocer que debe existir la diferencia de géneros para que los lectores lo tengamos más sencillo a la hora de escoger, porque no es lo mismo J.R.R. Tolkien que E. L. James.

 

Amanecer González

 


 

«¿Tiene un escritor que apalancarse en un solo género para ser identificado?»

Esa es la pregunta que me hago. En general, te encasillan en uno. Si escribes una novela de fantasía, los lectores entienden que solo escribes de ese tema, que es tu género habitual y, a veces, no te consideran una verdadera autora. «No es serio escribir novelas fantásticas »; «¿Por qué no escribes algo real?»

¿Es mejor una novela histórica, un thriller psicológico o una historia real, más que un cuento sobre hadas y dragones? Es el lector quien se decanta por un libro u otro en función de sus gustos, y no es mejor un estilo que guste a un adulto que el que guste a un niño o adolescente. Lo importante es la calidad literaria. Sin embargo, reconozco sentirme frustrada. Si un editor o amigo me pide leer un manuscrito porque te va a gustar; es de lo que tú escribes… Vamos a ver: que escriba un libro sobre un género concreto, no me convierte en una experta en el tema y tampoco significa que me guste todo lo que se escribe en ese género. Además, si solo has leído un libro mio, el primero, ¿cómo sabes si es mi género habitual? Quizá no has leído lo que escribo en mi blog; quizá te sorprenda mañana con un thriller o un ensayo.

En realidad leo de todo. La fantasía épica me gusta poco, salvo El señor de los anillos y poco más. Me siento más identificada con las historias de fantasmas y misterio. Empecé por la fantasía porque estaba harta de ver y leer siempre los mísmos argumentos, lo cual está cambiando y es de agradecer. Yo quería hacer algo “raro”, algo “diferente” y mezclar varios elementos de fantasía y terror.

Otra cosa curiosa es que algunas editoriales no parecen distinguirlos con claridad. Por ejemplo, una novela fantástica con toques de realidad, que marcan como “espada y brujería”, a mi me suena a mundos inventados de un pasado remoto, repletos de magos, brujas y guerreros musculosos, tipo Conan, y no a un mundo real que se mezcla con dimensiones desconocidas. En mi opinión, deberían estudiarlos mejor antes de calificarlos y no confundir a posibles lectores. A mi no me han hecho ningún favor.

No tengo un género definido. Me gustan todos, y de cada uno saco lo que me atrae. La mezcla de géneros es posible. Se puede hacer un libro de cocina y el siguiente ser un thriller psicológico o policiaco, ¿por qué no?. Y mezclar sugéneros en una misma novela. Parece que en España es el autor el que vende y no la obra. La confianza que deposita un lector en determinado libro depende mucho de la fama de la persona. Aún así, una novela donde suceda un crimen, un secuestro o esté ambientada en una época histórica sigue vendiendo más que otros géneros. Pero si siguiéramos las estadísticas, todos nos dedicaríamos a ese tipo de géneros para resultar rentables y dejaría de existir la variedad.

Ser libre me parece importante; no buscar el “superventas” a toda costa. Así pues, me quedo con esto:
Para ver una tendencia de género, hay que leer varios libros del autor/a en cuestión. Después de eso, podrás catalogarlo.

Carmen Murguía

 

 

 

Volvemos el viernes con la segunda parte de este post. Y vosotros, ¿qué opináis?

 

Spread the word, Share!Email this to someoneShare on Google+0Pin on Pinterest0Tweet about this on TwitterShare on Facebook35

4 comentarios sobre “¿Por qué tengo que ponerle etiqueta a lo que escribo? Primera Parte

    1. Es curioso ver que, aunque nos llegue a “molestar” —y lo pongo entre comillas— tener que clasificar lo que escribimos, también hay ciertas ventajas en hacerlo. Creo que es muy interesante vuestra perspectiva y aún nos queda ver qué piensan Hadha y Luisa, que creo que también os va sorprender.

  1. Con permiso me uno al debate. La cuestión de los géneros da para mucho. Los lectores cuando buscan un libro quieren dos cosas: ser sorprendidos pero también que la historia cumpla las expectativas por las que la ha comprado. Si compro una novela negra, busco una historia que gire alrededor de un crimen. Si resulta que se trata de una historia de amor de policías me sentiré defraudado. Eso lo saben las editoriales y librerías.
    Luego está la distinta consideración que parece diferencias a escritores de género respecto a los escritores de expresión o mainstream. Despectivamente, a los primeros se les llega a tildar de meros entretenimientos, como si eso fuera un pecado, y a los segundos se les reserva el status de escritor de alta literatura. Me ha llamado la atención vuestra entrada porque precisamente en mi blog he publicado ayer una entrada sobre las distintas etiquetas del género negro. He disfrutado de mucho de este espacio y gran iniciativa para hablar de literatura. Saludos!

    1. ¡Por supuesto que puedes unirte! Eso es lo que queremos. Debatir 😉 Efectivamente, es lo que tú dices. Yo como lectora alguna vez me he sentido “engañada” porque, después de leer un libro, no era lo que esperaba según el género en el que se había clasificado. El tema de la literatura comercial y la “alta literatura” también da mucho de sí. Espero que sigas comentando por aquí. Sé que sabes mucho del tema y así podemos aprender unos de otros 🙂 ¡Gracias!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Si te gusta la fantasía oscura y el terror gótico...

¡ABRE EL BAÚL!

Consigue tu ebook GRATIS durante un tiempo limitado

Haz click aquí para descargarlo.